¿Por qué son importantes las PFAS para el sector minero y qué se puede hacer con ellas?

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Distintas industrias han desarrollado y adoptado el uso de muchos materiales y productos químicos aparentemente innovadores, solo para descubrir que producen consecuencias indeseadas en el medioambiente y en la salud. Siempre que surgen problemas para la salud y el medioambiente, le siguen de cerca daños a la reputación, juicios, enormes costos de remediación y regulaciones más exigentes.

La preocupación por un grupo de sustancias conocidas como sustancias per- y polifluoroalquiladas, o PFAS (por per- and poly-fluoroalkyl substances) está creciendo en el mundo entero. Estas sustancias fueron desarrolladas hace más de 50 años y se incorporaron en una serie de productos y procesos industriales como la espuma contra incendios y todo tipo de productos no adherentes, resistentes al agua y a las manchas.

Las PFAS no se descomponen fácilmente, por lo que pueden permanecer en los suelos y en el agua por largo tiempo. Además, las PFAS percolan a través del suelo e ingresan y se dispersan fácilmente en las aguas superficiales y subterráneas, lo que las convierte en una potencial fuente de contaminación del agua potable o les permite ingresar a la cadena alimenticia al ser ingeridas por organismos acuáticos. Por lo tanto, una fuente puntual de contaminación por PFAS puede tener impactos en el largo plazo sobre una gran área. Si bien no hay certeza de los efectos que tienen las concentraciones bajas de PFAS en la salud de las personas y los animales, estas se bioacumulan y se consideran toxinas.

Hasta la fecha, los estudios que evalúan los potenciales impactos negativos de las PFAS no han prestado mucha atención a las minas. Sin embargo, estas sustancias se han usado por largo tiempo en la minería como parte de sus actividades de procesamiento de minerales y de combate de incendios. Las PFAS pueden provenir del uso de espuma formadora de película acuosa contra incendios, o a través de su inclusión como tensioactivos en procesos de flotación de mineral y en otros productos químicos de alto rendimiento como los fluidos hidráulicos y los aditivos para combustibles. Esto significa que la contaminación por PFAS representa un riesgo para el sector minero que se debe evaluar y manejar apropiadamente.

¿Quién y qué está en riesgo?

Cada situación es única, pero los riesgos de la contaminación por PFAS normalmente dependen de factores clave relacionados con las condiciones de cada sitio y con el uso y el valor de los recursos hídricos como la extracción de agua subterránea y el valor ecológico de los cuerpos de agua superficiales.

Tanto en el sitio mismo de una mina como en sus alrededores, las PFAS generan riesgos para los trabajadores que han usado o hecho mantenimiento a los equipos para combatir incendios, o que han usado aguas contaminadas (tanto superficiales como subterráneas); por ejemplo, como agua de compensación, o make-up, o para control del polvo. El agua potable también es una preocupación importante: ¿Estuvieron expuestos los trabajadores o los visitantes de la mina o los residentes cercanos a ella si es que usaron el agua superficial o subterránea para beber o para lavarse? ¿El ganado ha estado expuesto a través del consumo de agua subterránea o superficial, o incluso a través del riego? Si es así, las personas que consumieron ese ganado pueden haber estado expuestas. Del mismo modo, dado que se transportan fácilmente por el agua, es posible que organismos acuáticos hayan consumido estas PFAS y, en consecuencia, que también lo hayan hecho las aves y otros animales que consumen dichos organismos. A su vez, las comunidades locales que consumen estos animales pueden estar expuestas.

Cómo evaluar sus posibles pasivos relacionados con las PFAS

Cuando resultan afectados múltiples sitios (o múltiples áreas o actividades en un mismo sitio), aplicar un enfoque de clasificación de riesgos sirve para facilitar la priorización de las actividades futuras. Para hacer una clasificación de los riesgos, se necesita llevar a cabo una serie de pasos. Primero, antes de hacer cualquier prueba, se debería hacer una revisión general que incluya entrevistas al personal del lugar (tanto anterior como actual), una revisión de las actividades, de los productos químicos usados, de los sistemas de almacenamiento y contención de estos, y una evaluación de la frecuencia y del lugar de uso de los productos con PFAS. Esta información, combinada con las condiciones (hidro)geológicas y geoquímicas del lugar, permite generar un modelo conceptual del sitio. Este modelo puede servir para identificar las fuentes, los potenciales receptores de las PFAS y las vías que los unen. Con este modelo, se pueden elegir los sitios para muestrear suelos, agua subterránea y superficial, sedimentos, y organismos acuáticos si fuera necesario.

Una vez que se cuente con toda esta información, la clasificación de riesgo permite discernir aquellas áreas con riesgo bajo o aceptable (donde no se necesitarían más estudios) de aquellas cuyo riesgo es incierto o probablemente inaceptable (es decir, donde sí se deben hacer más estudios).

Cómo abordar este problema

Aquellas actividades o áreas cuyo riesgo sea catalogado como inaceptable deben ser objeto de medidas de manejo o control de las PFAS. Esto puede implicar que se ofrezcan fuentes alternativas de agua potable para las personas o de agua para el ganado. También podría significar el cierre de pesquerías o de áreas de cosecha de productos acuáticos, o recomendar límites para el consumo de organismos acuáticos de un determinado lugar.

Otra medida importante es asegurarse de que los riesgos se comuniquen a las partes interesadas de una forma clara, oportuna, veraz y empática. Una gran parte de la información sobre las PFAS es altamente técnica y compleja. Por lo mismo, se corre el peligro de que la información se malentienda y genere preocupación innecesaria si no se divulga en un lenguaje sencillo y en el contexto adecuado.

Donde sea factible y esté justificado, las áreas definidas como fuente de PFAS pueden requerir remediación y un control adecuado. (Por ejemplo, actualmente se están remediando una serie de sitios a lo largo de Australia que tienen agua contaminada con PFAS, con el fin de proveer agua limpia a las comunidades).  Como parte de su Programa de Innovación global, Golder, en colaboración con la industria y la academia, está llevando a cabo investigaciones para encontrar nuevas maneras de degradar las PFAS.

En última instancia, habrá sitios y circunstancias donde la remediación de la contaminación por PFAS no será factible, o bien en donde hacer estudios más detallados no aportará valor. En estas situaciones, las soluciones pueden incluir minimizar o eliminar la emisión de PFAS e implementar medidas para su manejo, con el fin de limitar la exposición, tanto en el sitio como en sus alrededores.

Aunque todavía estamos aprendiendo sobre el complejo mundo de los riesgos asociados a las PFAS, y sobre su manejo y remediación, ningún sector puede ser autocomplaciente con este tema. Hoy mismo se pueden tomar medidas razonables para entender el impacto de las operaciones de una empresa en el medioambiente, para minimizar la liberación de PFAS hacia el entorno, y para mitigar los riesgos para los trabajadores, la vida silvestre y las comunidades locales.

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